El sueño
Juan Estremera quiere triunfar como violinista. En Cuarteto inacabado, una obra misteriosa del desconocido Salvador Puga, ve su oportunidad.

UNA HISTORIA MUSICAL
«Si el deseo no nos salva, que al menos deje una nota vibrando»
ALBERTO MORENOCUARTETOEscribe desde principios de los años noventa, cuando inició su formación como actor. Entre 1989 y 1992, estudió teatro en el Lee Strasberg Theatre & Film Institute y HB Studio de Nueva York.
A lo largo de su carrera ha escrito obras de teatro, guiones de cine, poesía y novelas. Profesionalmente, ha trabajado como actor, regidor, localizador y director artístico. Ha dirigido varios cortometrajes, ha sido crítico de teatro en la radio y también se ha dedicado a la enseñanza de la interpretación dramática.
Durante los últimos años, ha compaginado la escritura con la enseñanza del inglés y del español, y ha participado con frecuencia en encuentros literarios y filosóficos.
Cuarteto inacabado es su primera novela y supone el inicio de su trayectoria como novelista.
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CONOCE A LOS PERSONAJES
Hay historias que comienzan mucho antes de que alguien se siente a escribirlas. Cuarteto inacabado nació de una experiencia teatral en Nueva York, durante los ensayos de La ronda, de Arthur Schnitzler, con un grupo de estudiantes de interpretación de HB Studios. La obra proponía un juego de encuentros amorosos en el que los sentimientos cambiaban de destinatario mientras las palabras parecían conservar intacta su sinceridad.
Éramos jóvenes, estudiábamos teatro y vivíamos intensamente cuanto sucedía dentro y fuera del escenario. Hasta que empezaron a producirse coincidencias difíciles de ignorar. La frontera entre lo representado y lo vivido parecía volverse sorprendentemente porosa.
Algo extraño sucedió durante aquellos ensayos. No fue un acontecimiento extraordinario ni tuvo nada de sobrenatural, al menos que yo sepa. Fueron pequeños movimientos del deseo, inesperadas afinidades y sentimientos que parecían encontrar su reflejo en los personajes que interpretábamos. ¿Influye una ficción en quienes la representan? ¿O simplemente proporciona un lenguaje para reconocer aquello que permanecía oculto?
Nunca llegué a saberlo. Cuando terminó aquella aventura teatral, la pregunta siguió acompañándome. Algunas experiencias se olvidan; otras permanecen suspendidas en la memoria, esperando que un día aparezca la forma adecuada de contarlas. Aquella tardó más de veinte años en encontrarla.
La respuesta llegó de la manera menos prevista: escuchando música mientras hacía ejercicio. Llevaba una temporada explorando tradiciones musicales de distintos países cuando ciertas melodías populares de Europa central despertaron mi curiosidad por sus compositores clásicos. Una obra conducía a otra, un instrumento a otro, una formación a la siguiente. Hasta que, escuchando música de cámara, algo comenzó a tomar forma.
No fue exactamente una idea, sino una intuición: aquellos sonidos podían expresar emociones que las palabras apenas conseguían nombrar. De pronto, una historia largamente olvidada encontraba una posibilidad nueva. Lo que había comenzado sobre un escenario podía renacer en una partitura.
La música terminó por convertirse en algo más que el escenario de la novela: sería su lenguaje secreto. Cada instrumento podía expresar una sensibilidad distinta; cada encuentro, una tensión; cada movimiento musical, una transformación del deseo. La armonía y la disonancia ofrecían una manera de hablar de aquello que rara vez confesamos abiertamente.
Quedaba encontrar a los personajes, descubrir sus contradicciones y dejar que sus propias decisiones determinaran el rumbo de la historia. Así nació Cuarteto inacabado: del recuerdo de una experiencia real, de una pregunta que nunca encontró respuesta y de la intuición de que algunas ficciones no terminan cuando cae el telón.
Ya lo sabes todo.